viernes, 6 de abril de 2012

TODOS LOS DÍAS DE MI VIDA

Los nervios a flor de piel hacen que las personas cometamos locuras imprudentes. Los coches parecían sardinas y las carreteras sus latas, parecía que nunca iba a salir de allí. Rodeada de energúmenos que vociferaban y apretaban el claxon como si eso fuese a mejorar algo la situación. Entonces lo vi, un hombre, con un bigote amarillento por el humo del tabaco, gafas negras tapando posiblemente sus ojos cansados y agobiados. Camiseta con unas cuantas puestas, recortada a la altura de los hombros que permitía ver en su brazo las marcas que había dejado el sol entrando por su ventanilla izquierda; este, portador de coca-cola rodante, se abalanzó sobre mí. En aquel momento recordé, la fruta nunca me había entusiasmado, por mucho que mi madre regañase y regañase, jamás me tomé en serio los consejos que daban los nutricionistas. Mi madre era, es y será siempre un ejemplo para mí, tan meticulosa, cariñosa y atenta, siempre me apoyaba en todo, recuerdo cuando me dio ánimos a lo lejos mientras yo, con lágrimas en los ojos y heridas en las rodillas, intentaba manejar aquella cosa tan nueva para mí, dando mis más o menos primeros pedaleos, en esa bicicleta verde esmeralda, estaba nerviosa, pero no tanto como mi primer día en aquel lugar que tanto odiaría, pero cuando ya no formase parte de mi vida, añoraría: el colegio. Las piernas y los brazos me temblaban, tenía la sensación de que iba a caerme en cualquier momento. Entonces los conocí a ellos, mis amigos, que desde entonces han recorrido un largo camino conmigo, nuestra familia fue creciendo según pasaban los años, pero otros nos abandonaban porque tenían que seguir su propio camino, yo pensé que eso jamás me pasaría a mí, pero me equivocaba, tuve que irme, mis sueños y planes de futuro me llevaron por una senda diferente, nunca les olvidaría, pero sabía que allí donde fuese encontraría nueva gente; es imposible olvidarse de alguien que ha sido importante en tu vida, todas esas personitas que conoces y logran ser parte de ti, aunque se despidan, nunca se van, siempre estarán en ese trocito de ti que les diste el primer día que las conociste. Momentos y momentos pasaban ante mis ojos como una película de mi vida, la detuve al ver a mi Padre, dicen que si te pareces mucho a una persona riñes a menudo con ella, yo siempre he pensado que eso no era cierto, mi padre y yo personalmente éramos como dos gotas de agua, y muy pocas veces llegamos a discutir. Le recuerdo sonriente escuchando con atención la melodía que salía de las cuerdas de mi guitarra, esa canción que tanto nos gustaba, justamente esa se gravó de por vida en mi cerebro un 7 de junio de 2009, los focos se encendieron apuntando al centro del escenario de donde salía una neblina que nos indicó que el show, iba a comenzar; la batería empezó a marcar el ritmo, de esa neblina salió él, mi mayor ídolo, y esa canción que tanto nos gustaba a mi padre y a mí, nos hizo felices como si fuese la primera vez que la escuchábamos, los coros de la gente que seguían a la vez esa letra, se fueron desvaneciendo poco a poco, ahí estaba yo pensando que aquello no era un sueño, una sensación fría y viva me recorrió, vi una claridad y una tranquilidad me invadió, me sentía viva. Entonces la luz se desvaneció y lo vi, les vi, eran seis, todos clavando sus miradas en mi, en sus miradas había esperanza y felicidad, todos llevaban unos uniformes blancos a conjunto con sus mascarillas y guantes, me saludaron. Entonces, en aquel quirófano recordando todos los días de mi vida, volví a nacer.

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